Había una vez un granjero que se
encontró un huevo de águila en la montaña, lo tomó, lo trajo a su granja y lo
puso a empollar con una gallina y un día nació un precioso aguilucho con todas
las características de una hermosa águila real, el rey de todas las aves. El
problemas es que él no sabía que era un ave diferente, así que empezó a actuar
como los demás, comía maíz, hacía intentos por cacaraquear, se dormía
tranquilo, llevaba un vida poco interesante y simplemente se dejaba envolver
por su medio ambiente, ya que eso le habían enseñado, pero de vez en cuando
sentía cierta inquietud, sentía que no toda la vida se la tenía que pasar
encerrado, su naturaleza le decía que había otras cosas por las cuales luchar,
ser libre, volar y no estar encerrado, limitado como las demás aves del corral,
pero no hacía nada al respecto, el tiempo pasaba, y el águila crecía. Un día
observando el cielo miro una hermosa ave que volaba majestuosa, deslizándose
por el aire y le preguntó a la gallina que estaba a un lado -¿quien es? - Es un
águila real, le contestó, el rey de todas las aves. Entonces el aguilucho le
dijo - pero yo siento en mi interior algo que me dice que
yo puedo hacer eso, volar, ser libre, siento que puedo ser el rey de todas las
aves. - estás loco tu no puedes hacer eso, tu eres de los nuestros, le dijo la
gallina.
Esas palabras, más el pasado del aguilucho hicieron que se conformara y ¿sabes
una cosa?, no hizo nada para que esto pasara, el tiempo pasó y el águila se
hizo vieja, por fin murió deseando ser el rey de todas las aves.
Dime una cosa ¿no te pasará lo mismo? ¿Acaso toleras que alguien decida por ti?
No seas como ese aguilucho, tú eres un águila, el rey de todas las aves, solo
tienes que retomar tu vida, emprender el vuelo, salir adelante y lograr todo lo
que te propongas, porque nadie te condenó a vivir en la mediocridad y no te
conformes, siempre ve por uno más.
